15-3-2025 Observatorio de Bioetica. El caso de Fox Varian, indemnizada con 2 millones de dólares tras demandar a los médicos que facilitaron su transición de género siendo menor de edad, reabre el debate sobre la falta de rigor en los diagnósticos de disforia y la irreversibilidad de los tratamientos en adolescentes.
Este fallo judicial pone de manifiesto la negligencia al ignorar patologías previas como el autismo o la ansiedad, y refuerza la necesidad de un cambio de paradigma en los protocolos médicos: la evidencia científica y la prudencia bioética deben prevalecer ante la creciente ola de personas que detransicionan tras sufrir intervenciones prematuras.
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El caso Varian
Fox Varian, de 22 años, denunció por negligencia a los médicos que la operaron para transicionar de género femenino a masculino cuando era menor de edad. Tras ganar el juicio ha conseguido una indemnización de 2 millones de dólares.
Cuando la joven sólo tenía 16 años, y a pesar de ser menor de edad, el psicólogo Kenneth Einhorn autorizó la transición y el doctor Simon Chin realizó la cirugía en la que le extirpó los pechos
Durante el juicio, celebrado en el estado de Nueva York, los abogados de Varian argumentaron que el psicólogo y el cirujano fallaron en aplicar los protocolos necesarios para salvarla del trauma y de la cirugía. También expusieron que fue el psicólogo el que propuso la idea de transicionar a la joven, tras diagnosticarle disforia de género.
La madre de Varian ha expuesto que se sintió intimidada por el psicólogo para que autorizara la cirugía de su hija porque le dijo que en caso contrario se iba a suicidar.
Los abogados también argumentaron que no se tuvieron en cuenta otros problemas mentales como depresión, ansiedad, fobia social y autismo antes de decidir si se realizaba la operación.
Además, el doctor que realizó la doble mastectomía sólo se reunió dos veces brevemente con la joven antes de la cirugía. Tres años después de la operación Fox Varian detransicionó.
Antecedentes
Como hemos publicado previamente en nuestro Observatorio, en el año 2022 ya advertimos del creciente número de personas transexuales arrepentidas tras someterse a tratamientos de transición de género.
Casos como el de Keira Bell, que demandó al hospital que le prescribió bloqueadores hormonales a los 16 años, por no comunicarle de forma objetiva las consecuencias que podían derivarse de este tratamiento, o el de un transexual arrepentido que destapó las mentiras de la ideología de género.
Como ejemplo de la creciente tendencia que se opone a la generalización de los procedimientos de transición de género, debe mencionarse el caso del Servicio de Salud británico (NHS) que, en 2024, anunció que dejaría de prescribir en sus clínicas inhibidores de pubertad a los menores de edad que deseen emprender una transición de género.
Recientemente, este mismo mes de febrero de 2026 tanto la Asociación Americana de Medicina (AMA) como la Sociedad Americana de Cirujanos Plásticos (ASPS) han mostrado sus dudas sobre la eficacia e idoneidad de los tratamientos de transición de género atendiendo a los resultados clínicos que se vienen acumulando. Proponen retrasar las cirugías relacionadas hasta los 19 años como mínimo.
A este respecto, la mencionada Sociedad Americana de Cirujanos Plásticos alerta sobre la no existencia de un balance riesgo-beneficio positivo en estas intervenciones, específicamente cuando se analizan las consecuencias a largo plazo. Los estudios que apoyan la idoneidad de estas intervenciones, ahora cuestionadas, han sido denunciados por ofrecer serias limitaciones en su calidad, su consistencia y el seguimiento de los pacientes, fundamental para la correcta valoración de los efectos secundarios a largo plazo.
Países como Suecia, Noruega, Finlandia, Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos o Australia vienen advirtiendo desde hace tiempo de una necesidad de modificar la aplicación del denominado Protocolo Holandés en el tratamiento de las personas con disforia de género.
Valoración bioética
Son muchas ya las sentencias judiciales que condenan a profesionales de la salud y entidades relacionadas a indemnizar a pacientes que han denunciado no haber sido correctamente diagnosticados y debidamente informados sobre las consecuencias de las terapias de reasignación de género, sufriendo sus consecuencias.
Las intervenciones quirúrgicas practicadas a tal efecto y los tratamientos hormonales asociados, cuyo objetivo es modificar la apariencia fenotípica para asemejarla al sexo contrario, conllevan numerosos efectos secundarios, físicos y psíquicos que, con frecuencia, empeoran la calidad de vida de los pacientes que los sufren.
La intervención en adolescentes, como se trata en el caso que nos ocupa, presenta riesgos mayores, asociados a las terapias de bloqueo hormonal y sus consecuencias sobre su normal desarrollo físico y psíquico.
Muchos de los países que comenzaron a aplicar estas terapias hace más de 20 años, han modificado drásticamente sus protocolos, limitando el acceso a tratamientos de bloqueo hormonal y reasignación farmacológica y quirúrgica.
En un informe anterior ya mostramos evidencias sobre lo contraproducentes que pueden resultar las intervenciones farmacológicas y quirúrgicas de transición de género en pacientes con disforia, reforzando la necesidad de facilitar tratamientos psicológicos o psiquiátricos a los afectados.
Muchas de las leyes que regulan estas intervenciones, como la española, siguen proponiendo exactamente lo contrario de lo que muestran los estudios más recientes, alertados por los efectos destructivos de estas intervenciones y su limitada capacidad para abordar las tendencias suicidas de muchos de los afectados, que, como muestra un reciente estudio, requieren tratamientos psicológicos y psiquiátricos que no se les facilitan en muchos casos, promoviéndose los procesos de transición de género mediante intervenciones farmacológicas o quirúrgicas, que no se muestran eficaces en la reducción de las tasas de suicidio si se han aplicado previamente las intervenciones psicológicas o psiquiátricas adecuadas. Sin embargo, la administración de tratamientos tanto hormonales, de bloqueo o transición, como quirúrgicos, presenta numerosos efectos secundarios y complicaciones, como hemos informado previamente, en muchos casos irreversibles, que contribuyen a empeorar la calidad de vida de estos pacientes.
Debería ser la evidencia científica acumulada sobre estas intervenciones la que promoviera un cambio de paradigma en los protocolos de intervención en estos casos, y no la acumulación de sentencias judiciales interpuestas por quienes han sufrido sus consecuencias negativas, irreversibles en muchos casos.
Julio Tudela
Ester Bosch
Observatorio de Bioética
Universidad Católica de Valencia




